today
May 2007
April 2007
March 2007
February 2007
January 2007
December 2006
November 2006
October 2006
August 2006
June 2006
May 2006
April 2006
March 2006
February 2006
January 2006
December 2005
November 2005
October 2005
September 2005
August 2005
July 2005
June 2005
May 2005
April 2005
March 2005
February 2005
January 2005
December 2004
November 2004
October 2004
September 2004
August 2004
July 2004
June 2004
May 2004
*loading* visites
EstadÃstiques del parlemneFransss, tuelf points
La frans, duuuuuse puans
Hace ya tiempo que deseaba descargarme de cierta mala uva que me acomete a veces cuando voy al volante. Todo se basa, supongo, en el hecho Freudiano de sublimar los pensamientos, haciéndolos pasar del estado sólido glucoso al volátil, para hacerlos emerger del subconsciente; pero la verdad es que me apetece. Voy a escribir sobre la cantidad de imbecilpilotus que nos castigan con su presencia en las calles y carreteras. Sé que la lista es mucho más larga, pero por algunos hay que empezar.
1) Imbecilpilotus taradus. Fácil de distinguir, situándose al lado de cualquier semáforo. Si le golpeas en la cabeza, suena hueco. Su modus operandi se basa en esperar a que el semáforo esté en rojo para acelerar y pasar entonces y sólo entonces. Si tiene un accidente, su madre llorará como una descosida por él, sin preguntarse porqué no abortó en su momento. Otra característica es que, cuando pasa el semáforo, jamás mira la calle en la que el otro conductor tiene preferencia, conjurando así (o eso cree), cualquier peligro.
2) Imbecilpilotus fittipaldus. No conoce la palabra “prudencia”. Acelerará su motor trucado hasta ocupar todo el espacio acústico disponible. Naturalmente obviará cualquier tipo de indicación, que no obligatoriedad, marcada por tráfico. Se le puede encontrar en lugares donde haya algún tipo de incorporación a un carril. Utilizará el arcen, se pasará la línea continua y hará cualquier cosa para avanzar tres lugares en la cola.
3) Imbecilpilotus cabronicus. Fácil de detectar por el hedor que transmite. Su modus operandi se basa en los hechos irrefutables (pare él) de que:
a. Es infalible
b. Si hay una situación de peligro, jamás será culpa suya, y tendrá todo el derecho a gritar a quién se ponga por delante
c. Si tiene, a pesar de sus legendarios reflejos, algún accidente, podrá reaccionar en consecuencia. Si recurre a la violencia, siempre será porque el otro desgraciado le dice cosas sobre cedas o stops y tonterías de preferencias.
d. Si alguien osa realizar delante suyo, y entorpeciendo su labor evangelizadora, un ceda el paso o un stop, tendrá el derecho y el deber de gritarle al desgraciado que cumple las normas, por poner en peligro su integridad.
Continuará... Si tengo ganas.