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Estadístiques del parlemneA Julio Cortázar, en los veinte años sin el mejor cronopio.
Sucede que cuando a un cronopio se le ocurre una idea se entusiasma tanto que sale corriendo a buscar a otros cronopios para iniciar un debate. Como los cronopios no suelen saber de cocina exótica ni de pintura renacentista ni siquiera de papiroflexia necesitan un fama para poderle preguntar cosas sobre la cuestión. Los famas, que suelen tener mucha prisa y siempre tienen algo que hacer, no suelen hacerles caso. Alguna vez el fama, si no tiene que ir a una reunión de escalera o de antiguos alumnos, les cuenta todo lo que quieren saber mientras las esperanzas danzan silenciosamente alrededor - aunque casi siempre con engaños para poder burlarse de ellos.
Entonces los cronopios se reparten los argumentos de la forma más equitativa que saben, empezando a escoger el más alto de ellos acabando hasta el más bajo. Si esta fase es superada con éxito y no deriva a que se lancen las esperanzas - horrorizadas - unos a otros, el debate se desarrolla con todos los cronopios hablando a la vez y gritando siempre la misma frase. Y entonces, brota la sangre invisible.
Las discusiones acostumbran a ser tan largas que cuando se acaban todos los cafés están cerrados, los últimos trenes ya han pasado y el gato de Schrödinger por fin ha logrado escaparse. Los cronopios que aún se acuerdan de donde viven vuelven a sus casas apenados por no haber podido bailar sus canciones preferidas.
