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Estadístiques del parlemneCopyPaste del periodico de catalunya Domingo 11 de Diciembre. Sección Sociedad
• Crece en Barcelona un nuevo movimiento antisistema que propone robar en grandes almacenes para combatir al capitalismo
• Los juristas aprecian indicios de delito
Un nuevo movimiento antisistema, muy polémico y cuyas acciones chocan con la ley y la propiedad privada, crece en Barcelona. Su lenguaje evoca viejas consignas libertarias. "Cada camarada europeo roba a las grandes superficies una media de 76,83 euros o, lo que es lo mismo, unas 15 botellas de whisky. Sácalas en un solo día fabricándote un abrigo con los forros reforzados y lleno de compartimentos". Éste es uno de los consejos de El Libro Rojo, que se encuentra en www.yomango.org.
"Somos parte de un movimiento anticapitalista de alcance planetario", dicen. "A ratos somos la vanguardia del pueblo organizado; pero sólo a ratos", matiza Vladimir Perales, un portavoz que tiñe su discurso de bromas, porque es así como ellos se toman la vida.
Todo empezó a fraguarse entre los okupas de Barcelona, que, dicen, hartos de sentirse robados por el sistema capitalista, decidieron atacarle de una forma que les resultara productiva. Así, recuerda una de las precursoras, "en vez de ir a los centros comerciales a pasar la tarde de ocio, nos reuníamos por decenas, rellenábamos los carros en los hipermercados y, a la hora de pasar por caja, nos desviábamos hacia la puerta de salida sin compra, pero con compra".
Salían, todos juntos, para huir corriendo en grupo ante la mirada atónita del vigilante. "Como mucho, podría alcanzar a uno de nosotros --añade--. Mientras, los demás lo cargábamos todo en las furgonetas y nos íbamos a barrios pobres a repartir la comida".
Yomango dice surgir de las reflexiones que los movimientos anticapitalistas se hicieron tras la conferencia de Génova. Se hastiaron de no llegar a ningún puerto y optaron por "llevar el anticapitalismo al terreno donde ya había millones de personas practicándolo".
Grandes superficies
Ese terreno son las superficies comerciales. "Pensamos que podía ser interesante retomar modos de acción directa más centrados en nuestra vida cotidiana y que a la vez fueran divertidos y gratificantes". Unos modos que no se limitan a robar.
"Hacemos acciones en defensa de la ocupación de viviendas vacías, propiedad de grandes empresas y puestas a la espera de obtener más beneficios que los que da la Bolsa --explica--. También apoyamos acciones en desobediencia a la ley de extranjería, que priva de derechos sociales y políticos".
Por ejemplo, dice, te puedes casar con un o una inmigrante y conseguirle así papeles. Le llamamos "desobediencia conyugal por lo civil". La filosofía subyacente tras estas propuestas se basa en "un ataque al dinero que el capitalismo antepone a los deseos de la gente".
Arcadi Oliveres, catedrático de Economía Aplicada en la Universitat Autònoma de Barcelona y experto del movimiento antiglobalización, analiza el fenómeno."Es indudable que, a primera vista, los practicantes, y aún más los teorizadores del movimiento Yomango aciertan plenamente en sus críticas a la economía de mercado cuando presentan en toda su crudeza las precariedades laborales del sistema productivo y distributivo", afirma. Y pone como ejemplo los precios abusivos, la conversión del espacio público en el espacio privado de los comercios y la "santuarización" de los grandes almacenes.
"También aciertan --prosigue Oliveres--, cuando proponen un acceso generalizado y no elitista a las mercancias, cuando son proclives a la desobediencia civil y cuando acusan de latrocinio a muchas empresas del sector".
Sin embargo, hay cabos sueltos. Tanto en El Libro Rojo como en los foros de yomangantes dan pistas muy claras sobre cómo robar esquivando las alarmas y bloqueando los pitos. Un abogado que prefiere permanecer en el anonimato afirma, tras analizar la web, que "algunas partes, como las que hablan de los pitidos, las salidas y entradas de almacenes para que no te pillen, y la inutilización de los sistemas de alarma de los artículos, pueden constituir un delito de incitación al delito de robo".
Existen varios artículos del Código Penal implicados, añade el letrado. El experto concluye que los redactores de la web y de El Libro Rojo podrían ser castigados con una pena inferior a del delito de robo con fuerza o violencia. No obstante, añade, previamente alguien tendría que denunciar el contenido de la web para que éste llegara a los tribunales.
A
nadie se le ocurre
Pero a nadie se le ha ocurrido dar ese paso. Ni siquiera a los titulares de la marca Mango, por imitar su conocido logotipo, que no es asunto baladí en términos legales. Han fabricado etiquetas para ropa, comida y discos robados con las siglas YMNG, con la intención, según Vladimir, de que "el prestigio ahora no esté en una marca sino en cualquier producto con tal de que sea robado".
Pero no todo parece tan gracioso. "El importe de los productos que ellos sustraen son repercutidos en los precios por el comerciante --apunta Oliveres--. Tanto el fabricante como el distribuidor mantienen sus márgenes de beneficio, tocándole al consumidor asumir los aumentos de precio que tal actuación implica".
Vladimir lo admite, y espera que eso "incite a la gente a robarles más aún". Oliveres añade que la producción de empresas de ética dudosa, que podrían ser castigadas mediante acciones selectivas de boicot, siguen de esta manera su inamovible presencia en el mercado. En consecuencia, argumenta que los comportamientos laborales teóricamente criticados son en el fondo avalados por los mangadores. "En muchos casos --asegura--, los mangantes acaban siendo, de forma gratuita, fieles seguidores de las modas y de las mismas tendencias consumistas que dicen abominar".
